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Detector de humo: cuál elegir y dónde va

Para una vivienda, el detector que sirve es el óptico (también llamado fotoeléctrico), autónomo, con sirena propia y marcado conforme a la norma europea de dispositivos de alarma de humo, la UNE-EN 14604. Va en el techo, no en la pared; en el pasillo de los dormitorios antes que en ningún otro sitio; y se cambia entero pasados los años que indique el fabricante, no solo la pila.

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¿Es obligatorio en una vivienda en España?

Con carácter general, en una vivienda particular ya construida no existe una obligación estatal de instalarlo. El Código Técnico de la Edificación, en su documento básico de seguridad en caso de incendio, impone instalaciones de detección y alarma a determinados usos y tamaños de edificio, no a cualquier piso. Pero hay dos matices que conviene mirar antes de dar el asunto por cerrado: existe normativa autonómica y municipal que sí lo exige en supuestos concretos, y en viviendas de uso turístico se ha vuelto un requisito habitual en varias comunidades autónomas.

Dicho lo cual, la pregunta práctica no es si está obligado, sino qué cuesta no tenerlo. Un detector de humo autónomo es de los aparatos que más protegen por menos dinero de toda esta web, y a diferencia de una alarma no necesita compañía, cuota ni instalación.

¿Óptico, térmico o sensor conectado a la alarma?

Son tres aparatos distintos que la gente compra como si fueran intercambiables, y no lo son.

Óptico (fotoeléctrico)TérmicoSensor conectado a la alarma
Qué detectaPartículas de humoTemperatura alta o subida bruscaHumo, y avisa a la app o a la central
Avisa aQuien esté en casa, con sirena propiaQuien esté en casa, con sirena propiaTu móvil y, si la tienes contratada, la central receptora
Funciona sin internetLa sirena sí; el aviso al móvil no
Dónde encajaPasillo de dormitorios, salón, cada plantaCocina, garaje, trastero: donde el humo normal daría falsas alarmasComplemento, si ya tienes sistema de alarma

La confusión cara es la tercera columna. Un sensor de humo integrado en un kit de alarma es una buena capa añadida —te avisa aunque no estés—, pero si su única salida es una notificación en el móvil, no sustituye a un detector autónomo. Lo que despierta a alguien que duerme a las cuatro de la mañana es una sirena en el techo del pasillo, no un aviso en un teléfono en silencio. Si tienes alarma con sensor de humo, ponlo además del autónomo, no en su lugar. Y si has contratado conexión a central receptora, comprueba qué hace la central exactamente ante un salto de humo: no siempre es lo que uno da por hecho.

Del detector iónico, el de la cámara con una fuente radiactiva minúscula, basta decir que prácticamente ha desaparecido de la venta doméstica en Europa por el tratamiento que exige como residuo. Si te aparece uno de segunda mano, no lo compres.

¿Dónde se coloca y dónde no?

El humo caliente sube y se extiende pegado al techo, como un líquido que se derrama del revés. Toda la lógica de colocación sale de ahí.

  • En el techo, orientado hacia el centro de la estancia y separado de las paredes y de las esquinas: en el vértice donde se juntan dos paredes y el techo hay aire muerto, y el humo tarda más en llegar. Si el techo no es una opción, la mayoría de fabricantes admiten montaje en pared unos centímetros por debajo del techo; hay que mirar sus instrucciones.
  • Primero, el pasillo o distribuidor al que dan los dormitorios. Es el punto que más rinde de toda la casa, porque es el que decide si alguien dormido se entera a tiempo.
  • Después, el salón y cada planta. En una vivienda de dos alturas, uno por planta, y en la escalera el de arriba.
  • Nunca en la cocina ni en el baño. El vapor de la ducha y el humo de cocinar disparan los ópticos una y otra vez, y un detector que salta sin motivo acaba desmontado, que es el peor final posible. En la cocina va un térmico.
  • Lejos de rejillas de ventilación, salidas de aire acondicionado y ventiladores de techo: la corriente desvía el humo y retrasa la detección.

La misma lógica de «protege primero el paso obligado» que usamos con el detector de movimiento vale aquí, solo que aplicada a por dónde saldría la gente en vez de a por dónde entraría alguien.

¿Merece la pena que estén interconectados?

Los detectores interconectados —por radio en los modelos domésticos— suenan todos cuando salta uno. La diferencia es grande en una casa de varias plantas o con dormitorios alejados del salón: un fuego que empieza abajo con las puertas cerradas puede tardar mucho en hacer sonar el detector del piso de arriba, que es justo donde está durmiendo la gente. En un piso pequeño y de una sola planta aporta bastante menos.

Pilas, mantenimiento y fecha de caducidad

Tres rutinas, y ninguna lleva más de un minuto:

  • Probar el pulsador una vez al mes. El botón de test comprueba la sirena y la electrónica. Es lo único que confirma que el aparato sigue vivo.
  • Quitarle el polvo un par de veces al año, pasando el aspirador por fuera de las ranuras. El polvo acumulado en la cámara óptica es la causa más común de falsas alarmas en un detector que antes iba bien.
  • Atender al pitido de pila baja. Ese chasquido intermitente cada pocos minutos, que siempre empieza de madrugada, significa pila agotada. Los modelos con batería sellada de larga duración evitan esa rutina durante toda su vida útil y son la opción más cómoda para quien no quiere acordarse de nada.

Y lo que casi nadie sabe: el detector caduca. El sensor se degrada con los años aunque el aparato siga encendiéndose y pitando al pulsar el test. Los fabricantes marcan una vida útil, habitualmente en torno a los diez años, y la fecha va impresa en el propio aparato o en su etiqueta trasera. Cambiar la pila no reinicia nada: llegada la fecha se sustituye el detector entero. Si te mudas a una vivienda que ya tenía detectores puestos, mira esa fecha el primer día.

Preguntas frecuentes

¿Es obligatorio tener un detector de humo en casa en España?

En una vivienda particular ya construida, con carácter general no existe una obligación estatal de instalarlo: el Código Técnico de la Edificación impone instalaciones de detección a determinados usos y edificios, no a cualquier piso. Eso sí, hay normativa autonómica y municipal que sí lo exige en supuestos concretos, y es habitual en viviendas de uso turístico, así que conviene comprobar la normativa de tu comunidad autónoma. Con obligación o sin ella, es de los aparatos de seguridad que más protegen por menos dinero.

¿Dónde se coloca un detector de humo?

En el techo, hacia el centro de la estancia y separado de las paredes y de las esquinas, porque el humo caliente sube y se extiende por el techo. Las posiciones que más rinden son el pasillo o distribuidor al que dan los dormitorios, el salón y cada planta de la vivienda. Hay que evitar cocinas y baños, donde el vapor y el humo de cocinar provocan falsas alarmas, y no ponerlo pegado a rejillas de ventilación o de aire acondicionado.

¿Qué diferencia hay entre un detector óptico y uno térmico?

El óptico detecta las partículas de humo mediante una cámara con un haz de luz, y es el adecuado para una vivienda porque reacciona ante fuegos lentos y con mucho humo, que son los que sorprenden a la gente dormida. El térmico no mira el humo: salta cuando la temperatura supera un umbral o sube muy deprisa. Se usa donde un detector de humo daría falsas alarmas constantes, como una cocina o un garaje, y nunca como sustituto del óptico en el resto de la casa.

¿Cada cuánto hay que cambiar un detector de humo?

El sensor envejece aunque el aparato siga encendiéndose, así que los fabricantes marcan una vida útil, habitualmente en torno a los diez años, y la fecha suele ir impresa en el propio detector o en su etiqueta. Cambiar la pila no reinicia esa vida útil: llegada la fecha se sustituye el aparato entero.

Fuentes

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