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Sensor de apertura: qué detecta y dónde va

Un sensor de apertura —el clásico sensor de puerta o de ventana, también llamado contacto magnético— detecta una sola cosa: que la hoja se ha separado del marco. No mide fuerza, no sabe quién abre y no vigila el cristal. Es el sensor más barato de toda esta sección y el que más veces se monta mal, casi siempre por el mismo motivo: la separación entre sus dos piezas.

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¿Cómo funciona un contacto magnético?

Son dos piezas. Una lleva la electrónica, la pila y el emisor de radio; la otra es solo un imán, sin pila ni mantenimiento. Mientras las dos están juntas, el campo magnético mantiene cerrado un contacto interno y el sistema entiende que el hueco está cerrado. Cuando la hoja se mueve y las dos piezas se alejan más de la distancia que el fabricante declara para ese modelo, el contacto cambia de estado y el sensor transmite el aviso.

De ahí salen sus tres virtudes: es diminuto, la pila le dura años porque en reposo casi no consume, y no tiene nada que calibrar. Y de ahí sale también su límite: lo que detecta es una apertura, no una intrusión. Si la hoja no se mueve, para él no ha ocurrido nada.

¿Sensor de puerta y sensor de ventana son lo mismo?

El principio sí; lo que cambia es el formato. Los modelos pensados para ventana son más estrechos y planos para caber en el perfil, y muchos fabricantes venden una versión «slim» específica para carpintería de aluminio o PVC. En puertas correderas y ventanas de corredera la pareja se monta en el lateral de cierre, que es el borde por el que se separan las hojas, y no en la parte alta ni en la guía.

Hay además dos variantes que conviene no confundir con este sensor:

  • El sensor de vibración o de golpe, que se pega a la hoja y reacciona al impacto sobre ella. Avisa antes que el de apertura, porque no espera a que la hoja se mueva, pero necesita ajuste de sensibilidad para no saltar con un portazo.
  • El contacto empotrado, que se aloja embutido en un taladro del marco y la hoja y queda invisible una vez montado. Es más limpio y más caro, y exige que la carpintería admita el taladro.

¿Qué sensor cubre cada hueco?

Sensor de aperturaSensor de vibraciónSensor de rotura de cristalDetector de movimiento
Qué detectaQue la hoja se separa del marcoImpacto o vibración sobre la hojaEl sonido o el golpe de un cristal rompiéndosePresencia dentro de la estancia
Dónde se montaMarco + hojaSobre la hojaFrente al cristal o sobre élEsquina de la habitación
Cuándo avisaAl abrirAl golpearAl romperCuando ya hay alguien dentro
Punto ciegoLa hoja que no se mueveNecesita ajuste finoSolo cubre vidrioNo protege el perímetro

La lectura práctica de la tabla es que ninguna fila sobra. El sensor de apertura es la primera capa y la más barata; el sensor de rotura de cristal cubre justo el hueco que aquel deja en un ventanal; y el detector de movimiento es la red de seguridad de dentro, para lo que se haya colado por cualquier vía.

¿Dónde se coloca, exactamente?

  1. El cuerpo, en la parte fija; el imán, en la que se mueve. Si se monta al revés, la pieza con pila queda en la hoja y sufre cada portazo, además de complicar el cambio de pila.
  2. En el borde de apertura, no en el de las bisagras. En el lado de las bisagras la hoja apenas se separa al abrirse, así que el sensor puede no llegar a disparar.
  3. Alineados por sus marcas y dentro de la separación máxima del fabricante. Este es el punto que decide si la instalación funciona o da guerra: montados más separados de lo que admite el modelo, el contacto trabaja al límite y aparecen avisos sueltos con el viento o cuando la hoja se asienta.
  4. Cuidado con el aluminio y el acero. El metal cercano deforma el campo magnético y reduce el alcance efectivo. Casi todos los fabricantes venden suplementos o separadores para montarlos sobre perfil metálico; usar esos y no improvisar con cuñas.
  5. Superficie limpia y desengrasada antes de pegar el adhesivo, y a ser posible tornillo en las puertas de uso diario: el adhesivo aguanta bien una ventana que se abre dos veces al día y peor una puerta de entrada.
  6. Por dentro. Un sensor montado por la cara exterior queda expuesto al agua, al sol y a cualquiera.
Prueba siempre después de montar. Con el sistema en modo prueba, abre la hoja muy despacio y comprueba a qué apertura salta. Si tienes que abrir un palmo para que reaccione, las piezas están demasiado separadas o mal alineadas.

¿Qué pasa cuando salta?

Aquí están las tres cosas que se venden bajo el mismo nombre, y la diferencia entre ellas es enorme:

  • Sensor autónomo. Lleva su propio zumbador o va unido a una sirena y suena ahí mismo. Avisa a quien esté cerca y nada más. Es útil como aviso de puerta —que un mayor o un niño ha salido, que alguien ha entrado en el trastero— más que como seguridad.
  • Sensor de un kit doméstico. Manda una notificación al móvil. El aviso llega a cualquier parte, pero verificar qué pasa y llamar a quien haga falta es cosa tuya, y solo funciona si hay cobertura y el móvil está a mano.
  • Sensor integrado en un sistema conectado a una central receptora de alarmas. El aviso llega a una central que verifica y, en su caso, responde. Esa conexión, recepción y verificación de señales de alarma es una actividad de seguridad privada regulada por la Ley 5/2014, y solo pueden prestarla empresas autorizadas: no es algo que se monte por cuenta propia. Si te interesa esta vía, empieza por la comparativa de alarmas por tipo de vivienda.

Pilas, supervisión y lo que nadie revisa

Un sensor de apertura es el componente más fácil de olvidar de una instalación, porque cuando funciona no da señales de vida. Dos costumbres evitan el 90 % de los sustos:

  • Comprueba que el modelo avisa de pila baja y, si va en un sistema, que la central lo supervisa: es decir, que el sensor manda una señal periódica de «sigo aquí» y salta un aviso si deja de recibirse. Un sensor mudo y un sensor sin pila se parecen demasiado.
  • Repásalos dos veces al año, con el mismo criterio con el que se prueba el detector de humo: abrir cada hoja en modo prueba y ver que todas responden. Los adhesivos se despegan con el calor y las hojas se descuelgan con los años.

Y una precisión que evita una compra equivocada: un sensor de apertura no añade ni un gramo de resistencia a la puerta o la ventana. La resistencia la da el cerramiento —el bombín, el cerrojo, el vidrio, los herrajes—, y eso se trata en blindaje de puertas y ventanas. El sensor solo avisa.

Preguntas frecuentes

¿Qué detecta un sensor de apertura?

Detecta que la hoja de una puerta o de una ventana se ha separado del marco, es decir, que se ha abierto. No mide fuerza, no distingue quién abre y no vigila el cristal: si la hoja se queda en su sitio, para el sensor no ha pasado nada. Por eso se combina con un detector de movimiento dentro de la vivienda y, en huecos acristalados grandes, con un sensor de rotura de cristal.

¿Dónde se coloca el sensor y en qué lado va el imán?

El cuerpo del sensor, que es la pieza con la electrónica y la pila, va en la parte fija: el marco o el premarco. El imán, que es la pieza pequeña y sin pila, va en la parte que se mueve: la hoja. Los dos se alinean por las marcas que traen y se colocan en el borde de apertura, no en el lado de las bisagras, que es donde menos se separan al abrir.

¿Cuánta separación admite entre el imán y el sensor?

La que indique el fabricante de ese modelo concreto, y es el dato que más instalaciones estropea. Cada sensor declara una distancia máxima de trabajo entre las dos piezas; si se montan más separadas, el contacto queda al límite y aparecen avisos intermitentes con el viento o con el asiento de la hoja. En perfiles metálicos suele hacer falta separar el conjunto de la superficie con los suplementos del propio fabricante.

¿Qué pasa cuando salta un sensor de apertura?

Depende de a qué esté conectado, y son tres cosas distintas. Un sensor autónomo hace sonar su propio zumbador o una sirena. Un sensor de un kit doméstico manda una notificación al móvil. Un sensor integrado en un sistema de alarma conectado a una central receptora inicia el proceso de verificación de la alarma, que es una actividad de seguridad privada regulada y reservada a empresas autorizadas.

Fuentes

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